Enrique Zileri: “Lo peor que puedes hacer en periodismo es jubilarte y retirarte, allí sí te mueres”

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Ilustración de Mario Molina.

Era un verano tranquilo el de febrero de 2012, cuando Diario16 me pidió entrevistar a Enrique Zileri. Cinco meses antes había muerto Daphne, su esposa, y desde entonces el recio director de Caretas iba poco por el Portal de Botoneros, en el Cercado de Lima, donde estaba la redacción de su legendaria revista. Hubo que rastrear su agenda antes de llamarlo. A fines de mes, mis amigos Américo Zambrano y Roberto More, entonces periodistas de Caretas, me confirmaron que ya había retomado su rutina. Acudía por las mañanas a la revista, a despachar desde ese quinto piso en el que dominaba toda la Plaza de Armas. Tenía al frente a Palacio, al novato Ollanta Humala; al costado izquierdo a la alcaldesa de la ciudad, Susana Villarán; y al extremo derecho al cardenal Juan Luis Cipriani. Desde luego, él era el vecino más interesante de esas cuatro esquinas, pero en ese momento prefería el silencio. Lo de Daphne era muy reciente y yo no tenía claro cómo abordar su pérdida sin parecer impertinente. Zambrano y More acudieron a mi rescate. Fue Américo quien me mostró el libro de fotos de Daphne: Soliloquios. Y ese elegante álbum en blanco y negro, cargado de nostalgia, fue el camino que usé para hablar de la mujer que lo había acompañado durante más de 50 años, entre portadas festivas, varios presidentes, algunos enemigos, persecuciones y encierros.     

Inagotable y eternamente curioso. Desde su atalaya, en el quinto piso de la revista Caretas, el periodista Enrique Zileri comenta el tibio verano en la política peruana, habla del no tan lejano Bicentenario y dedica unas palabras a Daphne, su compañera de toda la vida.

Salvo por los gritos del regidor Jaime Salinas y el asedio de la revocatoria a Susana Villarán, uno podría decir que este verano no es tan tórrido en el barrio de la Plaza de Armas. ¿Cómo ve usted a sus vecinos?

A mí me parece exagerado ir a una revocatoria. De por sí, es ilógico e irracional. No es que la alcaldesa haya provocado un desastre especial. Sí tiene el defecto, que me parece un defecto de la política nacional, de desconocer los méritos del antecesor. Eso sorprende. Ella ha sido mezquina en algunos casos. Pero eso, si se quiere, es un pecado venial. No ha abandonado, realmente, nada.

¿Y cómo ve el verano para su otro vecino, el presidente Humala?

Le va bien. Pero los periodistas necesitamos una crisis o algo (ríe). Me parece que hay rasgos de pragmatismo en el caso de Humala. En primer lugar, ese 30% de la primera vuelta es un voto de izquierda, pero para ganar las elecciones él dice “debo ir al otro lado del abanico”. Y lo hace. Es una posición que se traduce ahora en su visita a Caracas, seguida de su visita a Davos; está jugando para las dos clientelas. Ahora, se entiende bien que uno puede ir veinte veces a Caracas pero no se van a resolver así nomás los problemas de Cajamarca. Los conflictos sociales son muy puntuales, tienen un elemento de realidad, tienen un elemento legítimo pero también están los dirigentes locales o temáticos, que no existen si no hay conflicto. Si se soluciona el problema, ellos ya no existen.

Es el conflicto visto como dito político…

Como fin político, algunos de ellos han vivido toda su vida en un conflicto. Y, eventualmente, fracasan cuando esa izquierda se aferra a una ideología muy cerrada. La realidad requiere mucho más pragmatismo.

No sé si ha visto esa película con Meryl Streep, que trata del cierre de una revista femenina, no sé si es Harper’s Bazaar u otra, y la directora es feroz, esa sí que es feroz, nosotros somos unos gatitos.

Hablemos un poco del estilo de Humala. Él es el actor principal de la escena política pero no se nota su protagonismo. Uno diría que solo recupera la locuacidad cuando está acomodado en el set de un canal de televisión de Miami.

Es su estilo. Humala es parco. Hay que recordar, guardando distancias, que Paniagua también tenía la idea de que uno no debe estar permanentemente en el ojo público. Claro que Paniagua era un viejo político, de gran trayectoria, mientras que Humala es un presidente que está aprendiendo a hacer política. Sin embargo, las encuestas demuestran que le va bien.

Ahora, donde sí hay espacio para el debate y la locuacidad es en las redes sociales. De hecho, se ratifican primeros ministros en Facebook…

Sí, además de que Nadine tiene dos Blackberry, es una cowgirl con dos pistolas. Está todo el tiempo en Twitter. Es una realidad mundial que las redes sociales, si se toman en serio, generan situaciones importantes, políticas, sobre todo en países en los que hay represión y los medios están silenciados. Si no puedes expresarte por los periódicos, o hay conflictos en los periódicos, allí están las redes sociales.

Para la próxima campaña electoral falta mucho, sin embargo hay algunos movimientos interesantes. Está la presentación de Eliane Karp en un blog, y la figura de Alan García que hace visitas a sus aliados distritales y convoca a personalidades en la Escuela de Gobernabilidad de la Universidad San Martín de Porres, colocándose como una suerte de estadista que está pendiente de los temas más grandes del país, fuera del debate menudo. ¿Esta es la estrategia de García para presentarse como candidato?

Sí, bueno, él ha expresado en más de una ocasión, en forma semipública, que tiene aspiración a una tercera presidencia, que terminaría en el día del Bicentenario. Y esto que menciona es, en efecto, algo muy inteligente y a la vez algo muy natural, algo que está haciendo bien. Este instituto de gobernabilidad de la San Martín de Porres es una gran cosa. Fue creado hace diez años, García era antes el director y ahora vuelve a serlo. Es una visión ecléctica, provoca expresiones de distintos puntos de vista, escoge a diferentes personajes que tienen algo que decir, tratan de hacer historia; a mí me parece bien que esté haciendo eso.

Usted no le mezquina nada a Alan García. ¿Cuántas veces le han preguntado si es su amigo?

¡Uff…! Unas veinte mil veces, muchas más de las que él ha creído que somos amigos (Se ríe). No, cuando vino el linchamiento de Alan García por su primer gobierno, la revista sufrió las consecuencias. Era un linchamiento económico, por supuesto político y parlamentario. Él era Satanás, el ladrón más extraordinario de la historia. Pero los periodistas deben ser escépticos, en términos de alabanzas y de acusaciones. Es más fácil acusar o criticar que decir demuéstralo. Se malicia muy fácil, se considera que siempre hay un interés de por medio. Eso no nos pasó con García y hubo una suerte de boicot tácito contra la revista, sobre todo después del autogolpe (de Fujimori de 1992). Nos expresamos con toda firmeza contra el autogolpe, pero hubo ciertas empresas que tomaron como mal menor a un gobierno que era capaz de hacer un autogolpe.

Así que le costó caro ser medianamente amigo de García.

Sí, efectivamente. Aunque nos ha pasado eso antes.

¿Y no cree que su posición era riesgosa? Muchas acusaciones contra García prescribieron y no se supo si eran correctas.

Sí pues, y a la vez tampoco salieron evidencias. Lo que le digo es que es muy fácil acusar, pero al final no vemos signos exteriores de riqueza reales.

El periodismo parte de una forma de vida exagerada, ideal para el que tiene interés, curiosidad, para el que quiere saber qué sucede. Es una actitud que va más allá de la profesión.

Ahora, le preguntaba por los primeros movimientos de los probables candidatos en el 2016, porque quien gane nos va a llevar al Bicentenario, que, entiendo, es un tema que a usted lo apasiona.

Es un tema que sirve para hacer recuentos, tomar energía, tratar de organizar metas, convocar a expertos, comentaristas que tengan ideas de proyección para el país. Yo creo que son esas ocasiones que hay que aprovechar.

¿Qué tanto lo mueve lo del Bicentenario? Me han dicho que el tema lo ha hecho volver a la revista.

Siempre he estado, aunque me tratan de prohibir el ingreso pero no pueden (Se ríe). Dicen “Cuándo va a dejar de molestar este tipo” (Lanza una carcajada). Mira, lo peor que puedes hacer en periodismo es jubilarte y retirarte, allí sí te mueres. Sobre todo en periodismo, porque el periodismo parte de una forma de vida exagerada, ideal para el que tiene interés, curiosidad, para el que quiere saber qué sucede. Es una actitud que va más allá de la profesión.

Y esto del Bicentenario debe ser una manera de engreír a su legendaria curiosidad. Sus periodistas me cuentan que usted, por la mañana, nutre a su curiosidad con la radio pública de Estados Unidos, la engolosina al estar enterado de los últimos adminículos tecnológicos, pero lo del Bicentenario debe ser un consomé más sabroso.

(Sonríe) Mire, es importante soñar, tener expectativas que conduzcan a algo superior, a triunfos para el país, más allá del fútbol, que ahora parece no tener cómo componerse…

Bueno, no convirtamos en algo triste esta conversación.

Tampoco hay que ser exagerado. Pero mire, hay que tener ilusión, optimismo. Yo creo que Caretas, con todo lo compleja que es, siendo un medio de comunicación de actualidad, crítico, en el fondo es optimista. Y lo que pasa con el Perú, en las encuestas, es que sale como un país muy pesimista. Hay varias encuestas internacionales, una es el Latinobarómetro, la otra es Gallup. En ellas el Perú sale con la percepción de bienestar más baja de Latinoamérica.

Recuerdo que Alan García decía lo mismo. Parece que tienen las mismas lecturas.

Pero no es una sola fuente, son encuestas que se repiten año tras año de diferentes empresas. Es parte de nuestra cultura, el Perú es un país desconfiado, nos cuesta asimilar los éxitos o soñar en los éxitos. Y eso nos resta fuerza. Y a pesar de eso, mire cómo vamos.

Cuando vino el linchamiento de Alan García por su primer gobierno, la revista sufrió las consecuencias. Era un linchamiento económico, por supuesto político y parlamentario. Él era Satanás, el ladrón más extraordinario de la historia. Pero los periodistas deben ser escépticos, en términos de alabanzas y de acusaciones.

¿Y es optimista sobre el futuro del periodismo impreso? Hay quienes dicen que los blogs pueden hacer que desaparezca.

Eso es algo que discutimos mucho internamente. Fíjese, si el periodismo escrito, electrónico, radial o televisivo no se vuelve severo en cuanto a cómo se maneja, si no confirma las informaciones al máximo, se vuelve un blog. El problema de los blogs es que hay millones y habría que saber qué atención le presta la gente, y cuánto cree o no cree en ellos.

Pero, igual hay que estar pendiente de ellos, arman una serie de debates, incluso sobre la continuidad de uno de los jurados de su concurso más emblemático, hablo de Gastón Acurio y el Cuento de las Mil Palabras.

Sí, ese es un debate alrededor de un plato de sopa (se ríe). Son unos debates que se tuercen y se ubican en una forma fantástica, pero, en el fondo, el periodismo profesional debe enfrentarse a normas para protegerse, para subsistir. Si no, te vuelves parte de ese debate que tiene muy poco rigor, pura opinión. Yo creo que el fenómeno de Internet obliga al periodismo a marcar una diferencia.

Ya tiene algunos años fuera de la dirección de Caretas pero mantiene esta oficina en el quinto piso de la revista. ¿Este es el Olimpo desde el que Enrique Zileri mira al Hades, que seguramente es la redacción?

(Sonríe) Uno de estos días me van a botar por el balcón. No, es que en este momento soy lo que se llama el presidente del directorio. La empresa debería tener otros títulos, entrar en Internet mucho más fuerte. La revista Caretas sigue siendo nuestra bandera, con Ellos y Ellas, que ha sido un gran aporte, es muy divertida la combinación, de lo más original.

-La furia de los Zileri, la cólera en los momentos de cierre de edición, también es legendaria. Ya no le pregunto si han volado televisores en la redacción porque sé que lo va a negar, pero, ¿no cree que eso también ha contribuido a darle punche a la revista?

Esa es una etapa ya superada. Eso no conduce a nada bueno. Mire, no sé si ha visto esa película con Meryl Streep, que trata del cierre de una revista femenina, no sé si es Harper’s Bazaar u otra, y la directora es feroz, esa sí que es feroz, nosotros somos unos gatitos.

No se lo creo Don Enrique…

No, no, esa sí que es cosa seria. Mire, esto se da, los editores se vuelven frenéticos en los momentos de cierre. La tensión es natural.

¿Y este temperamento también lo ha asaltado fuera de la revista? ¿Alguna vez se ha agarrado a golpes con un político que se ha pasado de la raya?

No se atreven, soy muy fuerte. Voy al gimnasio.

Qué gracioso. Tú me quieres llevar a la calata. Pero, este… la nota de carátula tiene que conducirte a, por lo menos, hojear las primeras páginas.

En la historia de Caretas hay algunos datos por confirmar, ¿es cierto que tuvieron un redactor que paralelamente sacaba una revista porno?

Eso era un submundo. Era porno de la época, impreso en papel periódico, una tontería. Un día cayó la policía, yo dije: “qué pasa”. Era un negocito que tenía por allí este hombre. Es parte del folclor de la revista.

Si no tuviera ninguna relación con Caretas, ¿por dónde empezaría a leer la revista?

Qué gracioso. Tú me quieres llevar a la calata. Pero, este… la nota de carátula tiene que conducirte a, por lo menos, hojear las primeras páginas.

Pero reconocerá que Caretas ha contribuido a que los peruanos leamos de derecha a izquierda, de atrás para adelante.

(Lanza una carcajada) Al estilo oriental, como los chinos. No, hoy en día esa calatita tiene un rol decorativo, no escandaliza a nadie.

Lo veo muy activo en la revista, ¿lo asalta de vez en cuando la soledad?

Sí, claro.

Obviamente, tiene que ver con lo que pasó con Daphne (su esposa, fallecida a fines de 2011).

Sí, es cierto, naturalmente. Una forma de defenderse es estar activo.

Antes de venir a su oficina estuve hojeando Soliloquios, el libro de fotografías de Daphne. ¿Usted siente la necesidad en algún momento del día o de la semana de ver estas fotos?

No solo eso, estamos preparando otra muestra en Lima. Ella hizo más de una, eran muestras pequeñas. El problema es darle más reconocimiento a Daphne. Como tiene una vinculación con nosotros, inmediatamente se sospecha que los reconocimientos son porque hay un parentesco. Es importante que la evaluación sea externa. Ella tenía mucho talento, tomaba las fotografías con una actitud artística real, tenía un gran compromiso, una intensidad. Yo diría que ella encontró una forma de expresarse muy intensa a través de la fotografía, tenía una actitud muy sana, muy abierta, con un interés múltiple. Nos decía qué hermoso es el mundo, qué hermosa es la vida o qué hermosa es mi familia.

Usted alguna vez dijo que su relación fue “el encuentro de dos soledades”. ¿Se sigue quedando con esa definición?

Sí, por eso es una pérdida irreparable, es tu vida, la vida misma.

Emilio Camacho

Publicada originalmente el 26 de febrero de 2012 en Diario.16. 

Titular original: “Humala es un presidente que está aprendiendo a hacer política”. 

Enrique Zileri - Marco Rojas
Enrique Zileri en su viejo despacho del quinto piso de Caretas. Foto tomada para Diario.16 por Marco Rojas. Febrero de 2012. 

 

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