Diego Capusotto: “En su momento, yo no elegí ser actor. Yo elegí ser jugador de fútbol o tocar en una banda de rock”

Ilustración de Mario Molina.

Hay un librero en la calle Corrientes de Buenos Aires que te lanza una advertencia si quieres comprar un libro de Pedro Saborido sobre el peronismo. “Ese no es un libro de política, señor. Es un libro de humor, pero no es cualquier humor, es un humor como el de los Monty Python, como el de Mark Twain”. Los bonaerenses no escatiman nada a la hora de hablar de sus ídolos. Y para ellos, Pedro Saborido es parte de un binomio que también integra Diego Capusotto; el dúo que mejor ha retratado a los argentinos desde la comedia. Pero claro, Saborido ha sabido mantener su papel de cerebro discreto de esa sociedad, mientras que Capusotto ha sido el explosivo rostro de un show de TV que ha querido señalar con ironía las contradicciones de sus compatriotas. Ubicar a Capusotto no suele ser complicado. Cuando terminó el mandato de Cristina Fernández, dejó la TV pública y volvió al teatro. Allí se le suele ver. Encontrarlo es sencillo. Entenderlo no tanto. Tomé contacto con él en junio de 2019. Prometió charlar conmigo en septiembre, por teléfono. Cumplió. Pero antes, hubo quienes me recomendaron leer a Saborido para comprender a su compañero. Lo dicho, son dos hombres que comparten un estilo. Cara y sello de una misma manera de ver la comedia.

Es el 14 de agosto en la Argentina, han pasado tres días de las elecciones primarias en las que se confirmó la ventaja del kirchnerismo sobre la opción gobiernista, encabezada por el propio presidente Mauricio Macri, una ventaja que en octubre podría llevar a la Casa Rosada al abogado Alberto Fernández. La primera conferencia que Macri dio después de estos resultados salió bastante mal. En medio de la subida del dólar y una inflación que asusta, su mensaje fue interpretado como un reproche a los electores. Por eso ha decidido mandar uno nuevo, en el que pide disculpas por lo que dijo anteriormente. Pero este discurso sale aun peor. Internautas memoriosos lo comparan con Juan Domingo Perdón, un personaje del comediante Diego Capusotto, un político que solo atina a pedir disculpas ante las omisiones de su gestión. Las redes terminan troleando al jefe de Estado. Pero no todo acaba allí. Un día después de la segunda conferencia de Macri, el propio Diego Capusotto es entrevistado por una emisora uruguaya para que opine sobre las elecciones en su país. Su respuesta se viralizará rápidamente. “Este gobierno se cree dueño de un país que detesta”, dice, y es bautizado por ello como el “principal analista político de la Argentina”. Esa reacción parece exagerada, pero tiene algo de acertada. Durante 11 años (del 2006 al 2017), Peter Capusotto y sus videos, el programa de TV del comediante, ha servido como termómetro de las costumbres y vicios de la sociedad rioplatense. Se ha burlado de la derecha y el racismo con un personaje como Micky Vainilla, un cantante de pop con tendencias filonazis. Ha puesto en alerta a los rockeros de su país con Pomelo, una estrella del rock que no canta y no compone canciones pero que está obsesionada con tener más fans. Con Violencia Rivas, a la que ha bautizado como una “investigadora de la pelotudez”, se ha puesto profundo y ha hablado de la sociedad de consumo y de la intrascendencia de la vida. También ha hecho mofa del alto consumo de carne en la Argentina, y de los veganos, de las contradicciones del progresismo, y del “panelismo”, esa rara manera de llenar la pantalla de TV con espacios repletos de opinión y escasa información. Para ser un programa que nació con la única intención de presentar viejos videos de rock, ha tenido buena fortuna. Pasó de la televisión pública a TNT, en el cable, y luego a Netflix. En YouTube, sus videos tienen millones de reproducciones. Pese a ello, Capusotto aparece poco ante las cámaras. El hombre que hace reír a un país prefiere reflexionar sobre temas graves como la alienación y la muerte. Dice que preferiría ser anónimo. Y volver con su padre a la cancha de Racing.

¿Un argentino puede reírse de sí mismo?

Algunos logran reírse de sí mismos y otros no. En general, acá en la Argentina hay como una especie de humor que define cómo es nuestra cultura, sobre todo acá, en Capital Federal, donde hay una suerte de personaje que cree que es más de lo que es, o se inventa que es más grande de lo que es en verdad, con ciertas ínfulas. Eso es muy común. Y nos reímos de eso, desmontamos esas ficciones. Aunque algunos se enojan.

¿Y cómo se le da a usted? ¿También puede reírse de sí mismo?

Sí, yo me río de mí mismo. Sé dónde fallo. Sé dónde debo decir: “Paremos un poco con esto”. Yo me río de mí mismo y también de todo lo que tiene como una pátina de seriedad que se deshilacha fácilmente. Es cuestión de observar dónde está la estafa de lo que te están diciendo.

¿Qué lo hace reír en estos días? No vale decir la campaña de Mauricio Macri a la reelección o los discursos de Elisa Carrió (diputada del macrismo).

No, a mí no me hace reír Mauricio Macri, para mí cabe en el terreno de lo nefasto, no me genera gracia. Mauricio Macri o Elisa Carrió son dirigentes políticos y sus políticas intervienen para mal en la vida de la gente, benefician a un grupo pequeño, se llevan la plata al exterior, y los demás quedan en el desbande. Yo me río de otras cosas.

¿Qué piensa cuando escucha que Argentina es el país con más psicólogos per cápita del mundo?

Mirá, eso tiene que ver más con la Capital Federal. Argentina es un país grande y no sé si en Jujuy hay tantos psicólogos como en Buenos Aires.

¿Usted pasó alguna vez por el psicólogo?

No, no. Qué va.

Hace unas semanas escuchaba Radio Colonia de Uruguay y lo presentaban como el principal analista político de la Argentina. ¿Ese es un premio o un castigo?

No, ni premio ni castigo. Uno es un observador. A veces uno sabe que algo va a terminar de una manera porque todo tiene raíces. ¿Qué quiero decir? Cuando asumió Macri nosotros sabíamos para dónde iba a ir, no era una sorpresa, porque estaba anunciado en su programa. Hay algunas cosas que se pueden anticipar.

Bueno, en esta largada, en esta Fórmula 1 donde todos los autos terminan siendo peronistas, yo estaría más ligado al peronismo de izquierda, que para algunos es un oximorón.

En esa entrevista usted dijo que los miembros del macrismo se creen dueños de un país que detestan, ¿por qué?

Porque está en su naturaleza. Si tengo que definir al gobierno de Macri lo haría con frases que han lanzado sus propios dirigentes. “Hay que aprender a vivir en la incertidumbre”, “Le metimos la mano al bolsillo a la gente”, “Pobreza cero”, “La inflación es una estupidez que se soluciona fácilmente”. Eso lo han dicho ellos mismos y con eso te defino todo.

¿Esta crítica que hace al macrismo es desapasionada? Se lo digo porque usted tiene cierta simpatía por el peronismo.

Sí, claro. Bueno, el peronismo es totalizador, tiene vocación de poder y como tal tiene dentro distintos dirigentes con los que uno puede tener empatía y con otros no. A mí lo que me causa mucha gracia son los pseudo republicanos que no hacen más que aburrirnos con la idea de que los gobiernos populistas son autoritarios y terminan apoyando a gobiernos como este para luego hacer negocios con el Estado.

Me decía que el peronismo es totalizador, y es verdad, tiene demasiados bandos, ¿cómo se definiría usted? ¿Qué clase de peronista es usted?

Bueno, en esta largada, en esta Fórmula 1 donde todos los autos terminan siendo peronistas, yo estaría más ligado al peronismo de izquierda, que para algunos es un oxímoron, como para mí es un oxímoron un peronismo…

…Del Opus Dei.

…El que se autotitula libertario o habla de la libertad, pero en realidad de lo que habla es de una sociedad “para los más aptos”.

Estaba leyendo el último libro de su amigo y guionista, Pedro Saborido, y él dice en esa publicación que la única manera de entender al peronismo es ser parte de él, y que dos peronistas no pueden dar la misma definición de peronismo. ¿Se equivoca?

Es que el peronismo es un lugar inexplicable, termina siendo un sello donde todos entran. Uno puede llegar a pensar que lo único que junta a diez peronistas es que cuando hay que cantar la marcha, la cantan todos. Y cuando se termina la marcha, sigue la discusión. También podemos ser críticos. Menem tenía un discurso de revolución productiva y puso en práctica políticas que no tenían que ver con el peronismo.

Fue un peronismo engañoso.

Bueno, él lo dijo. “Si yo digo lo que debo hacer, al final no me vota nadie”. Las formas de llegar en la democracia a veces son engañosas.

Para terminar con el peronismo, ¿cuál fue el peor error de Cristina Fernández?

No sé. Allí hubo un desgaste. Probablemente los 12 años de gobierno distanciaron al kirchnerismo de la gente. Y muchos de ellos votaron a Macri pensando que el cambio era para mejor.

Violencia Rivas tiene algo más de anarquismo puro, aunque no sé si se definiría como anarquista. No sé, a veces los personajes me dan sorpresas. Uno trata de explicarlos y al final ellos lo desexplican a uno. 

Me pongo a pensar en sus personajes. ¿Micky Vainilla votaría por Macri?

No sé si votaría. Él no es de votar. Él es de instalar escenarios. No sé si votaría a Macri. Si le conviene votar a otro lo haría sin problema. Él es como algunos formadores de opinión pública que cuando ven que la cosa se complica, de pronto se convierten en portadores del sentido común. Y si él tuviera que hacerlo, hasta se volvería socialdemócrata.

Y supongo que Violencia Rivas no votará y tratará de quemar las boletas electorales.

Violencia Rivas tiene algo más de anarquismo puro, aunque no sé si se definiría como anarquista. No sé, a veces los personajes me dan sorpresas. Uno trata de explicarlos y al final ellos lo desexplican a uno. Violencia Rivas tiene como una mirada desconfiada de cualquier relato. Tiene algo de cierto fatalismo, que no tiene que ver necesariamente con la política. Después, aprovechamos que es un personaje de ficción para que pueda hacer cosas que nosotros no podemos hacer, como intervenir bancos. Violencia Rivas sabe que hay algo que no anda bien. Y como no le importa nadie, porque ya es una mujer grande, interviene en la realidad dejándonos con un gusto como de justicia para quienes la vemos.

Leí que fue adolescente durante la época de dictadura militar en la Argentina, ¿qué es lo más complicado que recuerda de ella?

No sé, esa era una época en la que uno se refugiaba con amigos. Era algo común en Argentina. Ya se había dado un golpe en 1966. Luego vino el regreso de Perón (1973), y eso terminó todo muy mal. Nos acostumbramos a ver un escenario de patrulleros, de vigilancia. Había una especie de ficción donde estaban los malos, que eran los subversivos, que estaban todo el tiempo como al acecho. A nuestros quince años, sin militancia política, estábamos jugando a la pelota, ocupando territorios, el campito, la esquina de mi casa. Lo que se vivía era tremendo, pero se había naturalizado todo. Había como una especie de guerra entre el gobierno oficial y el fantasma marxista. Siempre sospeché de eso. Y luego me lo confirmó el paso de los años y la derrota de la dictadura, sobre todo cuando pasó lo de Malvinas. Yo no fui a Malvinas, tenía un hermano mayor, pero mi generación estuvo allí.

¿Hizo el servicio militar durante la dictadura, lo que ustedes llaman la colimba?

Sí, la hice en el año 80.

Leí que recurría al humor para evitar las palizas o los maltratos de los militares.

Sí, esa fue una característica mía: inventarme personajes humorísticos para todo en la vida. Cuando lo estás pasando mal, hay que elegir qué personaje te puede salvar de la situación. Pero la colimba era algo que todos los hombres debíamos hacer. Si no, nunca lo habría hecho, nunca habría probado la vida militar. Estaba naturalizado eso, la hicieron mi padre, mis abuelos, todo el mundo. La única diferencia es que mi generación lo hizo a los 18 y antes se hacía a los 20. Allí hice grandes amigos que hoy sigo viendo.

Yo empecé con los Beatles y los Rolling Stones, de allí pasé al primer disco de Crimson, a los primeros discos de Pink Floyd y a otras bandas.

¿Y el rock fue una válvula de escape durante la dictadura?

No, no. El rock fue un género del que uno terminaba apropiándose, un arte -para mi juicio sublime- que uno lleva tatuado, una especie de necesidad. Lo que pasaba en esa época es que nos encontrábamos en la casa de algún amigo que escuchaba lo mismo, para pasar discos. Yo me acuerdo que en la época de los milicos fuimos a ver la película de Woodstock, el año 76. Además, estaba mi hermano, que era ocho años mayor que yo, que tenía una colección de discos muy interesante, de bandas conocidas y otras no tanto. Entonces, yo llevaba esa musicalidad.

¿Con qué banda empezó a escuchar rock?

Yo empecé con los Beatles y los Rolling Stones, de allí pasé al primer disco de Crimson, a los primeros discos de Pink Floyd y a otras bandas.

¿Y entre los músicos argentinos a quién prefiere? ¿A Luca Prodan o al Indio Solari?

Entre los músicos argentinos yo era muy fanático de Manal y de Spinetta. Había otras bandas que me gustaban, como Aquelarre, La pesada del rock, lo de Miguel Abuelo, los discos de Pappo’s Blues. Pero, fundamentalmente, mis preferidas eran Almendra y Manal.

Llegó a telonear a Soda Stereo en los conciertos que la banda dio en su gira Me verás volver de 2007.

Mirá, en realidad ellos se conectaron con nosotros. Ya teníamos relaciones con ellos de otros programas de humor que habíamos hecho, como Cha Cha Cha o Todo por dos pesos, donde ellos habían venido de invitados. Además, eran seguidores del programa que hacíamos con Pedro Saborido (Peter Capusotto y sus videos). Nos invitaron al lugar en el que ellos ensayaban y nos propusieron que como no iba a ver una banda telonera, en parte de la espera, antes de que salieran, se pusieran fragmentos de nuestro programa. Inclusive el día que hicimos como teloneros, no pudimos ir a cancha de River, donde ellos tocaban, porque estábamos de gira teatral.

Hablemos de fútbol. Argentina debe ser el único país que lleva dos equipos a la final de la Copa Libertadores y la juega fuera de casa. ¿Tiene una explicación para eso?

Se arma una especie de tragedia griega alrededor de lo que pasa en el fútbol. Y la verdad es que nadie espera que haya una final de River-Boca. A todos les gustaría que se dé, pero la ven muy lejana. Y cuando sucede empiezan a aparecer cosas casi como de literatura de vida o muerte. Hay algo de una cierta intensidad que se vive en la Argentina con respecto al fútbol, que hace que el juego se dé en otros terrenos. Parece que lo que terminó pasando fue eso, se desbordó la idea del River-Boca, pero al final no se murió nadie. No es que se suicidaron cien hinchas de Boca porque se perdió el partido. Esto continúa. La dinámica del fútbol es que siempre habrá revancha. Pero acá se le da una importancia mayor de la que debería ser.

¿Sigue yendo a la cancha a ver los partidos de Racing?

No, hace tiempo que no voy a la cancha. Se me complica eso de ser público. Lo disfrutaba cuando iba con mi viejo y no me conocía nadie. Ahora cuando voy a la cancha, y Racing pierde, no me alegra que me pidan un autógrafo o una foto. ¿Me entendés? De todas maneras, voy a volver. Aunque sea difícil ir a la tribuna.

Hablemos de usted como hincha. Racing es el equipo de la película de Campanella, el de la pasión que nunca cambia, el equipo de Cerati, y de Gardel, y probablemente de Perón, ¿no lo abruma compartir camiseta con tanta celebridad?

Racing es un equipo con mucha gloria que pasó momentos muy oscuros en la década del 70. Es una historia medio partida, parece que Racing fuera un equipo muy, pero muy sufrido, como si nunca hubiera ganado nada, cuando la realidad es que Racing, cuando empezó, tuvo muchos momentos de gloria. Lo que pasa es que luego hubo un corte. Hay una generación que piensa que Racing nunca ganó nada. Eso se revirtió cuando salió campeón en 2001, y en los últimos 4 años ya salió campeón dos veces. Racing siempre da la impresión de que sufre y lucha contra su propio destino.

¿Cómo se lleva con la religión?

Le pongo atención a lo religioso en cuanto está ligado al accionar de la fe, que atraviesa cualquier sentir, aunque parezca absurdo. Después, la idea de Dios me resulta lejana, ambigua. Uno empieza a pensar que es una especie de invento que parte de la fe y del desasosiego de sabernos finitos.

En general, para mí uno hace humor con algo que está siempre al frente: la alegría y la tragedia. Los humoristas tampoco somos seres especiales. Estamos un poco motivados por la propia tragedia de vivir.

Pedro Saborido dice que la alienación y la muerte son los temas que más le gusta incluir, como ironías, en su programa, en Peter Capusotto y sus videos, ¿le pasa lo mismo?

Sí, claro. La alienación sí. Vivo en una ciudad en la que todo se despersonaliza un poco. Y la muerte también. Todo lo que hacemos sirve para alejarnos un poco de la idea final. Hay que ver eso, eso genera un poco de desasosiego, uno no sabe cómo es el final. Da miedo. Eso, lo que hacemos en el programa, o incluso un simple asado, te aleja un poco de la idea del final.

¿Y es fácil hacer humor sobre eso, sobre la idea de la muerte?

No, al contrario. Para mí, todo el mundo que hace humor lo hace por eso, por más que algunos digan que les gusta divertirse. Lo único que genera inquietud es cuando a vos se te ocurre algo gracioso que al otro no le parece, cuando empiezas a hacer algo que falla, cuando te equivocas en la forma del relato. En general, para mí uno hace humor con algo que está siempre al frente: la alegría y la tragedia. Los humoristas tampoco somos seres especiales. Estamos un poco motivados por la propia tragedia de vivir.

¿Cuánto le importa la trascendencia, lo que justifica nuestra presencia en este mundo?

Una forma de trascender es llevar a cabo lo que uno quiere hacer. Y a veces uno vive con el misterio de algo que no eligió. En su momento, yo no elegí ser actor. Yo elegí ser jugador de fútbol o tocar en una banda de rock, y no lo hice. Después estuve en la búsqueda de algo. Era algo que no sabía que era, hasta que al final fue la actuación.

En una entrevista de 2010 se definía como nihilista, anarquista y peronista. ¿Sigue pensando igual?

No, no. Esa fue una pavada. Ahora, después de nueve años. Diría que soy peronista y fatalista. Mejor: Optimista, también fatalista y peronista.

Emilio Camacho

Publicada originalmente el 22 de septiembre de 2019 en La República.

Titular original: “Los humoristas no somos especiales, estamos motivados por la tragedia de vivir”.

Foto cedida por el diario Tiempo Argentino para ilustrar la entrevista a Capusotto. Septiembre de 2019.

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