Rafael Correa: “Debería controlar mi temperamento, siempre he sido muy efusivo”

Ilustración de Mario Molina

He entrevistado dos veces a Rafael Correa, al inicio de su primera gestión y al final de su segundo mandato. Y en ambas ocasiones me quedó claro que a su personal de protocolo le gustaba jugar a la intimidación. Recuerdo la primera vez que pude verlo. Estaba en el lobby del hotel Los Delfines y se me acercaron sus agentes de seguridad. “¿Es usted Emilio Camacho?”, me preguntaron. Cuando respondí que sí, me pidieron que los acompañara. Dentro del ascensor, un asistente de prensa me dijo: “Tiene 10 minutos para hablar con el presidente. Y ese tiempo ya está corriendo”. Esa primera charla duró 8 minutos exactos. Lo suficiente para llenar una página del formato tabloide que usaba La República en la primera década del nuevo siglo. La segunda vez que nos vimos, conversamos 15 minutos bajo la mirada agobiante de sus hombres de prensa. Alcancé a decirle: “Señor presidente, yo pregunto a toda velocidad y usted me responde de la misma manera”. Asintió y cumplió, aunque luego la conversación se puso un poco agria porque le pregunté por su complicada relación con los medios de su país. Volvió a sonreír cuando le lanzó un par de dardos a Mario Vargas Llosa y luego de eso dio por terminada la charla. Es curioso que Correa tuviera modales poco amables con los periodistas, porque parece ser que él mismo quiso desarrollar una inesperada faceta de comunicador y hasta llegó a tener un programa de entrevistas en la cadena rusa RT. Es el presidente que no amaba a los reporteros pero sí a las cámaras.

En menos de diez días, el presidente de Ecuador, Rafael Correa , y su homólogo Ollanta Humala se han visto las caras en dos ocasiones. Esta semana estuvieron juntos en la Sexta Reunión Ordinaria de Unasur en Lima, y el miércoles 23 de noviembre participaron en un encuentro binacional en Cuenca, Ecuador. De este último encuentro, todavía queda el recuerdo de Correa –vestido con una de sus clásicas camisas bordadas con figuras de la cultura Jama Coaque– lanzando sus acostumbrados dardos contra la prensa. “En Europa jamás se permitiría la cochinada que publica la prensa aquí”, dijo esa vez, con su conocido tono provocador. Luego de esas declaraciones, entrevistarlo se ha convertido en algo que roza lo temerario, en una incursión en campo minado.

En abril, para la Cumbre de las Américas de la OEA, lo reclamaban en Cartagena, pero finalmente no pudo ir…

No quisimos ir…

Bueno. En cambio a esta reunión de Unasur, en Lima, ha venido presto. Está claro que usted prefiere estar más cerca del sur de la región y un poco más lejos de Estados Unidos.

No es tan claro. Para nosotros el sur es nuestro norte, eso lo tenemos bastante claro, pero no somos antinorteamericanos ni mucho menos. De hecho, yo viví cuatro años en ese país y fueron los más felices de mi vida. Tengo dos títulos de universidades norteamericanas…

La maestría y el doctorado.

Sí. Y nosotros no fuimos a la Cumbre de las Américas porque no se invitó a Cuba. No entendemos una cumbre de países americanos así. “Ah –dicen– pero es que en Cuba no hay democracia”. Bueno no hay una democracia como la entienden ciertos países. Pero, aceptando ese argumento, jamás se dejó de invitar a estas cumbres al Chile de Pinochet, o a otras dictaduras. Esa es una doble moral. Por eso decidimos no ir. Y al final pesó mucho la opinión de Ecuador, porque se decidió no hacer otra cumbre sin la presencia de Cuba.

Y entiendo que en este momento la agenda de relaciones exteriores de Ecuador prioriza a Unasur antes que a la OEA.

Nosotros somos muy críticos de la OEA. Creemos que se ha mostrado ineficaz en muchos aspectos. En Honduras, por ejemplo, qué se hizo en Honduras (el 2009), ¿acaso eso no fue un descarado golpe de Estado? Y es innegable el enorme peso hegemónico que ejerce Estados Unidos y, en general, la América Anglosajona sobre la OEA, al punto que Fidel (Castro) la llamó alguna  vez el ministerio de las colonias. Eso tiene que cambiar. Aunque es muy difícil reestructurar la OEA desde adentro. Se debe hacer algo nuevo, mejor y nuestro. Y ese es el CELAC, la Comunidad de Estados Americanos y el Caribe.

Perdóneme, lo correcto es que el gobierno les aclare la verdad a los ciudadanos. Estamos allí ante un poder enorme. Esa es un poco la táctica. Estamos ante un poder político y el gobierno debe estar como un burro amarrado recibiendo palazos. Y si trata de defenderse, ese es un atentado a la libertad de expresión.

Hablemos de su relación con el Perú.  Desde Lima se ve al Ecuador, y básicamente a sus Fuerzas Armadas muy cercanas a Santiago. Sin embargo, usted ha tenido una reunión con el presidente Ollanta Humala poco antes de que empiece la fase oral del juicio que el Perú tiene en La Haya contra Chile. ¿Esta visita tuvo un lenguaje subyacente, una intención de revertir la percepción que tenemos en el Perú?

Bueno, respeto mucho si tiene esa opinión. Tal vez se justifica porque históricamente los dos países hemos tenido conflictos con Perú, y había un acercamiento entre Ecuador y Chile. Pero creo que eso ha quedado completamente superado con los años y, modestamente, con mi gobierno. Tenemos las mejores relaciones de la historia con Perú, independientemente de la orientación de los gobiernos. Hemos conversado con Alan García, y con el presidente Ollanta Humala. Se están haciendo cosas inéditas, probablemente en la historia de la humanidad. Dos países beligerantes, tienen comisiones conjuntas en el desminado y están intercambiando información militar, tratando de coordinar sus políticas de Defensa para utilizar recursos. Eso es lo que tratamos en el último gabinete binacional. Las Fuerzas Armadas tienen importantes recursos humanos, y dos países pobres no pueden darse el lujo de tener esos recursos subutilizados, esperando que algún día haya un conflicto externo. Estos recursos deben ser permanentemente utilizados en acciones conjuntas contra riesgos. Si hay un terremoto o un tsunami no debe haber diferencias entre Fuerzas Armadas de Perú o Ecuador. Entonces, creo que estas cosas han sido superadas. Ojalá que se supere la percepción. Hay una relación cordial entre nuestros gobiernos y nuestras fuerzas armadas.

¿Qué piensa usted de la actitud que ha asumido Colombia por el fallo del tribunal de La Haya por el tema de Nicaragua?

Es un tema muy delicado. Bueno, se podría sentar un precedente, difícil, duro. Porque ustedes también tienen un litigio, Chile y Perú, ante La Haya. Entonces, es un tema en el que no quisiera profundizar. Lo que sí quisiera ratificar es que, en buena hora que los conflictos en la región ya no se resuelvan por la fuerza, como sucedía antes, sino acudiendo a instancias internacionales.

¿No se excedió cuando llamó “cochinadas” al trabajo de los periodistas ecuatorianos en su anterior visita al presidente Humala? ¿No siente que fue innecesario decir eso?

Si es que los llamé así, que no me acuerdo, no ha debido ser al trabajo de los periodistas sino a lo que publican ciertos medios que sí son cochinadas. No nos engañemos, la prensa peruana, la prensa ecuatoriana, la prensa latinoamericana, es de una calidad terrible, con las excepciones del caso. Y no son necesariamente los periodistas, son los negocios dedicados a la comunicación. Planteémonos eso, como latinoamericanos. La información es un derecho. A cada rato nos dicen que es un derecho fundamental, sobre el que se basan las libertades y la democracia. Estoy de acuerdo. ¿Cómo pueden estar en manos de privados cosas tan importantes para la democracia y la sociedad? Eso es algo que tenemos, sin miedo, que cuestionar, analizar y reflexionar. Tenemos un problema grave (lo repite dos veces), porque tenemos una prensa de muy mala calidad, con injerencia en política, que se acostumbró a ser juez, a legislar y a gobernar. Y cuando los gobiernos no se someten a esa dictadura, vienen el linchamiento mediático, las mentiras y la manipulación. Eso no es libertad de prensa. Eso es libertad de extorsión.

Su secretaría de comunicaciones difunde documentales contra precandidatos a las elecciones en su país, como el señor (Lucio) Gutiérrez. ¿Qué adjetivo le pondría a eso?

Eso no es cierto. No se han difundido enlaces contra un precandidato. Normalmente esos enlaces son para desmentir mentiras, desinformaciones que han ocurrido, y que nos digan si estamos mintiendo. Son referencias históricas. En todo caso, pese a que todavía no hay campaña electoral, empieza el 4 de enero, por una recomendación del Consejo Nacional Electoral, se ha decidido tratar de evitar que salgan imágenes, voces, de personas que estén corriendo para las próximas elecciones. Pero esas cadenas no son para hacer propaganda, sino normalmente para aclarar mentiras de la prensa.

¿Pero esas aclaraciones no deberían venir de sus partidarios, no tanto de los servicios de prensa de la presidencia de Ecuador?

Pero cómo que los partidarios.

Sus partidarios son los llamados a defenderlo a usted, es lo correcto y legítimo.

Perdóneme, lo correcto es que el gobierno les aclare la verdad a los ciudadanos. Estamos allí ante un poder enorme. Esa es un poco la táctica. Estamos ante un poder político y el gobierno debe estar como un burro amarrado recibiendo palazos. Y si trata de defenderse, ese es un atentado a la libertad de expresión. Superemos esos mitos y rechacemos la mentira que destruye la sociedad. Y me ratifico, si soy elegido, a cada mentira de la prensa habrá una aclaración.

Para nosotros el sur es nuestro norte, eso lo tenemos bastante claro, pero no somos antinorteamericanos ni mucho menos. De hecho, yo viví cuatro años en ese país y fueron los más felices de mi vida. Tengo dos títulos de universidades norteamericanas…

¿Qué tan necesarias son estas cadenas que saca los sábados?

Fundamentales.

A ver, si usted no fuera presidente, sino un próspero economista ecuatoriano, ¿se sentaría a ver un informativo del gobierno de tres horas?. ¿No preferiría ver un partido de Emelec?

Bueno, eso pregúnteselo a la gente, qué ve y qué no ve. Si la gente no ve eso, entonces estamos perdiendo el tiempo, para qué tanta preocupación. Y hay muchos que lo ven y tienen un alto rating porque saben que el presidente informa a la nación. Primero, no son cadenas. La gente, las radios lo hacen libremente, no se paga a nadie para que retransmitan. Y para nosotros es un deber sagrado todo aquello. Informar lo que se ha hecho durante la semana, es un mandato que el pueblo ecuatoriano ordenó en las urnas. Y si muy poca gente lo ve, como dice cierta oposición, para qué se preocupan tanto, si soy yo el que está perdiendo su tiempo. La verdad es que tenemos una inmensa audiencia y sí, hay muchísima gente que está tres horas pendiente de lo que el presidente diga.

Tiene una opinión muy favorable de su presencia en televisión. Parece que sí, que usted se sentaría a verse a sí mismo.

No, yo no he dicho eso. No tergiverse mis palabras.

Se lo estoy preguntando.

He dicho que esto no es una cadena. Segundo, que es un deber sagrado la rendición de cuentas, y tercero, a nadie se le obliga a ver esto.

La República tiene una participación minoritaria en Teleamazonas. ¿Qué piensa usted de la inversión extranjera en medios ecuatorianos?

Vea, yo soy un crítico de derechos fundamentales en manos de la propiedad privada y negocios con fines de lucro. Es una contradicción, son negocios proveyendo un derecho. ¿Cómo pueden estar en manos de un negocio? Segundo, es un derecho y un bien, técnicamente hablando, bastante especial. No es como su grabadora (la toma en su mano derecha y me la muestra), que cuando usted la quiere paga por ella. La información es un bien público, está disponible para todos. ¿Cómo se financia? Con los auspiciantes. Y no es que se venda información a los ciudadanos, lo que se venden son ciudadanos a los auspiciantes. Y eso lo dice Ignacio Ramonet (ex director de Le Monde Diplomatique y estudioso de los medios de comunicación). Entonces, la información está en función de los auspiciantes, eso es indudable. Y lo dice Ramonet. Si quiere, reclámele a él.

¿Cuál es el esquema que usted preferiría si no quiere a los privados?

Mire, no tengo respuestas definitivas. Pero al menos abramos la reflexión. Busquemos el mal menor si no hay una solución óptima. Alguna vez dije: la comunicación es tan fundamental como la justicia. Imagínese que esta última fuera administrada por jueces privados. Eso sería una locura.

A ver, antes de formularle la siguiente pregunta voy a aceptar que muchos medios en América Latina no gozan de la confianza de la población. Y si una persona se enfrenta a estos medios gana algo de popularidad. Lo que le quiero decir es: ¿su pelea con los medios no tiene algo de esto? ¿No es una manera de ganar popularidad?

Eso no es cierto. Normalmente quien se enfrentaba a los medios terminaba destrozado. No nos engañemos. Los medios ponían y sacaban presidentes. Y aquí también. La victoria de Ollanta Humala rompió con esa tradición. Acuérdese de la denuncia que hizo Mario Vargas Llosa al diario El Comercio. Lo que hacían era someter a los gobiernos, porque sabían que en la lucha mediática ellos (los gobiernos) salían perdiendo. Y si el gobierno respondía seguían insultando. ¿Por qué hemos enfrentado exitosamente a los medios? Gracias al apoyo popular que tenemos, pero otro gobierno probablemente hubiera caído.

¿No piensa que enfrentarse a los medios le ha dado más popularidad?

No, ha sido una lucha durísima.  Ahora, que están derrumbados, porque no tienen credibilidad, y el gobierno tiene mucho más credibilidad, eso sí es cierto. 

Está presumiendo, presidente.

No, no. Tenemos estadísticas. Usted puede ver las encuestas. El gobierno es una de las instituciones con más credibilidad.

Han pasado 15 minutos de diálogo con Rafael Correa y la tensión no se ha roto desde que empezamos a conversar. No son los temas ni las preguntas. El presidente de Ecuador tiene una actitud distante y cansada. Y la agenda de vértigo que maneja, sumada al enjambre de asesores de prensa, agentes de seguridad y funcionarios que lo rodea, no mejora su carácter agrio.

Lo interesante es que Correa es consciente de su mal genio. Dice que quisiera cambiarlo. Pero este no es el momento. El combate sigue en otro terreno. Correa habla del Perú y de Mario Vargas Llosa. Nuestro premio Nobel no es el intelectual con el que más simpatiza. Rafael Correa vuelve a ser el político iracundo en el que se ha convertido.

Quiero decir algo, a mí siempre me ha gustado más el relato histórico, las biografías. La novela no ha sido mi género preferido.

¿Qué es lo que más le gusta de la cultura peruana?

(Sonríe). ¿De la cultura peruana? Chabuca Granda, los valsecitos.

¿Y en literatura cómo andamos? ¿Cuáles son las novelas que más le gustan de Vargas Llosa?

Es extraordinaria, me gusta mucho Pantaleón y las visitadoras.

Buen tema.

Quiero decir algo, a mí siempre me ha gustado más el relato histórico, las biografías. La novela no ha sido mi género preferido. O tal vez me gusta mucho, pero siempre he tratado de optimizar mi tiempo y disfrutar aprendiendo. He dado prioridad a las lecturas históricas.

Usted ha cruzado espadas muchas veces con Vargas Llosa…

Yo a él no lo conozco…

¿Y ha sentido admiración por él, como creador literario?

Mire, allí no puedo ser objetivo, acuérdese de quién era Vargas Llosa hace treinta años, por eso no puedo ser objetivo, ni siquiera en su arte.

¿Cambiaría algo de sí mismo?

Muchísimas cosas.

¿Cómo cuales? Dígame dos cosas.

Por ejemplo, debería controlar mi temperamento, siempre he dicho que soy muy efusivo. Qué sé yo, quisiera cansarme menos, tener más resistencia.

Emilio Camacho

Publicada originalmente el 1 de diciembre de 2012 en La República

Rafael Correa en rueda de entrevistas en el hotel Los Delfines. Foto tomada para La República por Ana Castañeda. Diciembre de 2012.

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